Nuestro encuentro con Jesús

Comunidad RUAH-Itaka

Compartimos a continuación una declaración de intenciones, a modo de decálogo, para nuestra espiritualidad escolapia, centrados en el encuentro con Jesús.

 – Te vaciarás de ruidos y apariencias para llenarte de la luz de Jesús e irradiarla.
– Te dejarás mirar por Jesús y te mostrarás tal y como eres con autenticidad.
– No permitirás que el Hacer apague tu Ser.
– Buscarás la manera de orar que a ti te sirva.
– Ensayarás más y más formas de encontrarte con Jesús; las posibilidades nunca se agotarán.
– Acudirás a la fuente para recargarte y enfrentar la desesperanza.
– Somos diferentes y nos gusta. ¡Viva la Iglesia múltiple!
– Sembrarás para que alguien coseche, así como cosechas lo que no has sembrado.
– Saldrás de Itaka con frecuencia en busca de nuevas riquezas e ideas frescas que nos enriquezcan.
– Asegurarás momentos de encuentro transformador con personas empobrecidas.
– Darás gracias por tus errores, limitaciones y pecados, porque son la oportunidad de construir sobre suelo firme.
– Te relacionarás con confianza, entrega y amor, a imagen y semejanza del Dios trinitario.
– Gozarás de la vida comunitaria. El contraste y la renovación continua nos mantienen constantes en el compromiso y en el acercamiento a la pobreza.
– Aceptarás con alegría la invitación de Jesús a la fiesta de su Reino.

 Un abrazo, 

Ruah.

 

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Nuestro encuentro con los pobres.

Comunidad RUAH-Itaka

En primer lugar compartimos un documento con las ideas que creemos nos definen espiritualmente en nuestro empobrecimiento y encuentro con los pobres, rodeadas por mensajes y conceptos con los que hemos rezado en nuestra rutina de acercamiento al pobre en nuestra comunidad.

Espiritualidad - Encuentro con los pobres

 

Además, nos vemos reflejados en este punto con la trayectoria, la espiritualidad y la manera de actuar de José de Calasanz, por lo que adjuntamos varias imágenes comparativas entre la vida de Calasanz y la vida de nuestra fraternidad que nos definen y ayudan a avanzar.

  • Calasanz va a Roma – Envíos.

Calasanz_envíos

 

  • Calasanz se compromete con los más pequeños – Movimiento Calasanz/Aingura.Calasanz_niños

 

  • Calasanz es transformado en su acercamiento a los empobrecidos – Epeletan/Hogares.Calasanz_empobrecidos

Un abrazo, 

Ruah. Fraternidad de Itaka

 

 

Nuestros relatos vocacionales (tema 2)

Os presentamos unas breves frases que resumen nuestros relatos vocacionales compartidos en el trabajo del tema 2 del material de formación:

A la luz de Dios. La duración de la Vida excede por delante y por detrás.

Contigo Jesús desde siempre. Juntos haciéndome, haciéndonos uno.

Las historias del pasado construyen el presente y nos dejan adivinar las claves del futuro… Al re-cordar, al re-vivir nuestra historia vocacional, Dios re-toma, re-vive nuestras experiencias y las hace fructificar de nuevo.

Conocí a Dios a través del Jesús que rompe para transformar, ser su herramienta y sentirlo conmigo, me acompaña y da sentido a mi vida plena.

Viejas raíces, brotes nuevos. La búsqueda es la clave, la búsqueda es camino, Jesús es EL CAMINO.

Padre, me pongo en tus manos
Haz de mí lo que quieras,
Sea lo que sea, te doy gracias,
Estoy dispuesto a todo
Lo acepto todo
Con tal que tu voluntad,
Se cumpla en mí
Y en todas tus criaturas.
No deseo más, Padre,
Te confío mi alma
Te la doy con todo mi amor
Porque te amo
Y necesito darme a Ti
Ponerme en tus manos,
Sin limitación, sin medida,
Con una confianza infinita,
Porque Tú eres mi Padre.
Padre, me pongo en tus manos
Haz de mí lo que quieras,
Sea lo que sea, te doy gracias.
( Carlos de foucauld)
Señor, tú sabes que te quiero…

Comunidad San José de Calasanz (Fraternidad Betania-Zaragoza)

Eucaristía, momento de encuentro con el Señor.

misa-fanoUna aportación desde la comunidad Xirmendu. Fraternidad de Itaka. Jabi Iru

En un curso enmarcado en un lema como “Zurekin + / Contigo +” volvemos la vista hacia la celebración de la Eucaristía, de la Cena del Señor, de la Fracción del Pan, de la Misa, nuestra reunión de los sábados/domingos; la primera reunión (la única, en realidad) que tuvo la comunidad cristiana en sus orígenes… antes de que nos inventáramos la lectura de libros de teología, los Papiros de formación, y las charlas cuaresmales. Aquel “haced esto en recuerdo mío” (Lc 22, 19) que a veces se nos olvida, a veces no nos viene del todo bien, a veces preparamos a todo correr, a veces se nos hace largo y pesado… y que muchas otras veces en cambio sentimos, disfrutamos y celebramos experimentando que Jesús, realmente, está presente en medio de esas dos o más personas que se reúnen en su nombre (Mt 18, 20).

Jesús no dejó un extenso programa de instrucciones para sus seguidores. Apenas unas pocas pistas, unos pocos encargos, bien claros (eso sí), entre los que la expresión de fe compartida ya ocupaba un lugar fundamental:

  •  Un único mandamiento: el Amor.
  •  Algo parecido a un “programa” de actuación y de conducta: las Bienaventuranzas.
  •  Un gesto: la Eucaristía.
  •  Un encargo: la misión, predicar y construir el Reino.
  •  Una oración: el Padre Nuestro.

¿Se puede ser seguidor de Jesús sin participar de la Eucaristía? Seguramente, si nuestros hijos e hijas o los txabales y txabalas de nuestros procesos nos preguntaran esto (seguro que alguna vez lo han hecho) tendríamos claro que la respuesta es que no, que resulta complicado de entender…más aún en una fe y en un seguimiento intrínsecamente comunitario desde sus mismos orígenes (Mt 4, 18; la primera acción pública de Jesús después de bautizarse y de retirarse al desierto es elegir a sus apóstoles). Entonces…¿por qué a veces a nosotros nos cuesta tanto? ¿Por qué cedemos tan fácilmente a las excusas o a los “problemas” que nos encontramos para acudir a la Eucaristía? A veces hablamos de que en realidad tenemos dos reuniones semanales en la comunidad o en el grupo: la reunión propiamente dicha, y la Eucaristía. ¿No debería ser en realidad la primera? ¿Cómo podemos ser y hacer más y mejor en un espacio y un momento de encuentro y de celebración como la Eucaristía semanal, este elemento fundamental, primitivo, fundacional de la comunidad cristiana?

El momento de preparación de la Eucaristía en la comunidad puede ser un momento privilegiado de oración en común, un momento privilegiado en el que hacer presente en medio de nosotras y de nosotros a ese Jesús que nos convoca…si somos capaces de ir más allá del rápido “reparto de tareas” en el que a veces caemos (“tú, las peticiones; tú, el perdón; tú, las ofrendas…); si somos capaces de preparar con verdadero sentido la celebración, la principal reunión de los cristianos; si somos capaces de imaginar y aunar esfuerzos para dar un sentido a esa celebración que estamos preparando; si somos capaces de transmitir a los demás qué queremos celebrar ese día en concreto, y cómo queremos celebrarlo.

Os proponemos algunos textos y algunas preguntas que esperamos os provoquen, os evoquen y os convoquen a celebrar, y a preparar y a participar con más ganas de la Cena del Señor, de la Misa, de la Fracción del Pan. De la Eucaristía.

1. La mirada simbólica es fundamental para entender qué es un sacramento. Las cosas tienen para nosotros sentido en función de nuestra formación y nuestra experiencia personal. Disfrutamos y sentimos con las costumbres y con los rituales cuando tienen sentido para nosotros, cuando forman parte de nuestra historia y de nuestro recorrido personal. Cuando eso ocurre, el movimiento es recíproco: también nosotros cargamos de significados nuevos, personales y colectivos, a esas celebraciones, a esos rituales, a esas costumbres. Seguro que recuerdas alguna celebración especial, alguna Eucaristía que guardas con especial cariño en tu memoria y en tu corazón. ¿Por qué? ¿Por qué fue tan especial? ¿Qué se estaba celebrando? ¿Por qué pudiste sentir especialmente ese día la presencia de Jesús en medio de la comunidad reunida?

2. Nosotros creamos, repetimos, interpretamos y utilizamos los sacramentos y los símbolos como forma de expresión de nuestra Fe. De la misma manera, la Iglesia y cada cristiano deberíamos ser para los demás signos, sacramentos de Jesús en el mundo. A través de nuestras opciones, a través de las celebraciones en las que participamos, a través de nuestro compromiso por construir el Reino de Dios…¿Qué sacramentos dirías que ven los demás en ti? ¿Qué vivencia de la Eucaristía transmites tú a los demás? A tu entorno, a tus compañeros de trabajo, a tus amigos no-creyentes…¿Eres un buen “anunciador” de la Eucaristía?

3. Los seres humanos de diferentes culturas, civilizaciones y épocas celebramos a veces cosas muy parecidas: nacimientos, ritos de madurez, ritos de paso, de transición, de agregación, matrimonios…y también ritos en torno a la enfermedad, el error, la culpa, el arrepentimiento…y la muerte. El banquete (no en sentido cuantitativo) está presente en muchas de estas celebraciones. La Eucaristía, la mesa compartida…de alguna manera, tiene que ver con esos ritos de madurez, de transición, de agregación…¿Qué elementos debe reunir para ti un banquete? (insistimos, no en sentido cuantitativo: hablamos de mesa compartida, no es necesario ponerse “como el kiko” para que un banquete o una comida sea memorable). ¿Recuerdas alguna comida, algún banquete especialmente significativo en tu vida? ¿Qué elementos lo hicieron tan especial? ¿Alguno de ellos podría trasladarse a la celebración de la Eucaristía? ¿Recuerdas alguna Eucaristía especialmente significativa o memorable en tu vida? ¿Por qué fue tan especial? ¿Qué elementos hicieron que fuera tan especial? ¿Podríamos trasladar, traducir o replicar de alguna manera esos elementos en nuestra celebración semanal de la Eucaristía?

4. Ahora que se acerca un tiempo en el que celebramos infinidad de comidas familiares, de empresa, encuentros de gente alrededor de una mesa… es una buena ocasión para orar sobre el sentido más profundo de la comensalidad. Sentarse juntos. Compartir historias, bienes, tiempo, cariño. Servir. Todo ello forma parte de esa experiencia tan común en distintos pueblos y culturas. Y es una imagen que a nosotros nos ayuda a comprender a Dios, el que prepara una mesa para nosotros, el que nos invita a sentarnos con él, para gustar juntos del pan, la paz y la palabra. ¡Buen provecho! El banquete (comida compartida, fraterna), tenía un importantísimo valor en la cultura judía. Era fuente de vida, alimento y fuerza; de unidad y de fraternidad, de comunicación y acercamiento a Dios; y fuente de esperanza, y anticipo del Reino de los Cielos. Por ello, está muy presente en la Biblia: como celebración agradecida a Dios (Abrahán e Isaac en Gen 26), como materialización de una reconciliación (Gen 29, 20-30; 2R 6, 21-23), como lugar en el que el mayor (el anfitrión) sirve al pequeño (Si 32, 1-2)…y en los Evangelios, sobre todo, como símil del Reino de Dios: todos estamos invitados (Mt 22, 1-14), Dios acoge en su mesa a aquellos a los que el mundo rechaza (Mt 5, 29-32), los últimos serán los primeros invitados (Lc 14, 13-14)…No es casualidad que Jesús elija para que le recordemos precisamente ese gesto: UNA CENA.

5. “Sentarse a la mesa”, “compartir mesa y mantel”…uno no se sienta a la mesa con cualquiera. En la época de Jesús, era símbolo de hospitalidad y amistad. Más aún: de fraternidad. Los que compartían el pan, los que comían el pan con otros (com-pañ-eros) se convertían en amigos para siempre, en hermanos. No sólo con quién: era importante hasta el lugar en el que uno se sentaba en la mesa (Lc 14, 7-11); cuanto más “arriba”, más cercano estaba uno al corazón del anfitrión.

6. Por eso, llaman la atención las comidas y cenas de Jesús: por su frecuencia, y por los comensales con los que compartía “mesa y mantel”: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7, 34). Un “buen judío”, cumplidor de la Ley y temeroso de Dios, jamás habría comido con “pecadores”, con gente “impura”: era como proclamarse amigo de ellos, hermano. Y todo el mundo sabía que Dios despreciaba a esas personas. Y sin embargo, Jesús comía con todos. Con publicanos, con prostitutas, con centuriones y con fariseos. Para él, todos eran iguales. Incluso se auto-invita a casa de Zaqueo (Lc 19, 1-10). Y Zaqueo (que no estaría muy acostumbrado a que alguien quisiera comer en su casa), “se apresura a bajar, y le recibe con alegría”. Normal. Y es que ese alguien le dice que Dios le quiere, y que la salvación ha llegado a su casa.

7. Ésa es la clave de la Eucaristía: es un banquete fraterno (de hecho, antiguamente se celebraba tras la cena compartida, el ágape). “Haced esto en recuerdo mío”. ¿Qué? ¿Comer pan y beber vino? Más bien, compartirlo, ser capaz de sentarse a la mesa como hermano con cualquier persona…ser capaz de llamar a Dios “Padre Nuestro”, porque nos sentimos hermanos de todos y de todas. En eso se sabrá que somos seguidores de Jesús. En eso se reconoce, como en el texto de los discípulos de Emaús, a Jesús vivo entre nosotros (Lc 24, 13-35).

8. Por eso, no hay Eucaristía si no hay amistad, hermandad, solidaridad de corazón, de mente y de bolsillo; no hay Eucaristía si hay rencores, envidias, rencillas…¿recuerdas qué es lo último que hacemos antes de comulgar, el gesto que realizamos justo antes de la comunión? Efectivamente: darnos la paz, como hermanas y hermanos. Por eso los que escuchaban a Jesús entendían a la primera el símil del “banquete del Reino”.

9. Al comulgar, comulgamos con nuestros hermanos y hermanas, y comulgamos con Jesús. Le decimos que sí, que aceptamos su propuesta. Nos lo “tragamos” (incluso físicamente). Queremos que sea parte de nosotros, que nos alimente, que esté dentro de nosotros (este momento supone una auténtica opción personal, una apuesta, un compromiso, una “renovación de votos”, una conjura por el Reino….

10. ¿Qué nos sugiere cada uno de los cuatro nombres que ha recibido la principal celebración de los cristianos a lo largo de su historia? Eucaristía (“acción de gracias”), Fracción del pan, Cena del Señor, Misa. ¿Entendemos la diferencia entre cada uno de ellos? ¿En qué aspecto se centra o hace fuerza cada uno de esos cuatro nombres?

11. La Eucaristía es, desde sus orígenes, el centro de la vida de la comunidad cristiana. Los cristianos se han jugado la vida (y todavía hoy, se la siguen jugando en algunos países y regímenes) por ir a misa. Estaban (están) dispuestos a morir por participar de esta celebración. Son muy significativas, por nombrar una película bien reciente, las escenas de las eucaristías “clandestinas” que aparecen en la película “Silencio”, de Martin Scorsese, sobre la persecución y el martirio de los cristianos en el Japón feudal.

12. La eucaristía, en definitiva, es un resumen del conjunto del mensaje de Jesús. Es recuerdo actualizado de su vida; es un banquete (con todo lo que eso significa); es la fiesta de la Nueva Pascua; es revelación y anticipo del Reino; y nos re-envía (missa) a nuestra vida cotidiana con fuerzas renovadas.

Terminamos con algunos textos para orar también desde nuestra vivencia personal y comunitaria de la Eucaristía:

a. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Entró, pues, y se quedó con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. (Lc 24, 28-35)

b. Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». (Lc 19, 1-10)

c. Al dar estas disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones son más para mal que para bien. Pues, ante todo, oigo que, al reuniros en la asamblea, hay entre vosotros divisiones, y lo creo en parte. Desde luego, tiene que haber entre vosotros disensiones, para que se ponga de manifiesto quiénes son los auténticos entre vosotros. Cuando os reunís, pues, en común, eso no es comer la cena del Señor; porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga. ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen?¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no os alabo! Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.» Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía.» Pues cada vez que comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. (1Cor 11, 17-26)

d. CUANDO LOS SIGNIFICANTES NO TIENEN SIGNIFICADO: “Me metieron en un lugar oscuro, en el que había mucha gente. Todos parecían malhumorados o tristes. Seguro que los dueños de ese lugar eran pobres porque no había ni iluminación, ni calefacción, sólo velas. La mayoría de la gente susurraba, y algunos de ellos se dedicaban a contar las bolitas de sus collares para comprobar que no se les hubiera perdido ninguna. Muchas personas dormían ya que tenían los ojos cerrados. De repente se hizo el silencio y todo el mundo se puso de pie. Un hombre vestido con un traje de señora rojo y dorado y con un gran sombrero también dorado fue caminando lentamente hasta la mesa que había arriba seguido por otro hombre y por unos muchachos vestidos con unos camisones blancos, de chica. El hombre de rojo y dorado desapareció tras la mesa y volvió a aparecer sin el sombrero. Supongo que alguien se lo debió de robar porque empezó a quejarse muy bajito y a levantar los brazos. Después, el otro hombre y los muchachos se pusieron a buscar el sombrero todos juntos, pero lo único que encontraron fue un libro enorme. Debió de ponerse perdido haciendo eso porque enseguida trajo un poco de agua y una toalla para poder limpiarse las manos. Al rato decidieron que debería tener un nuevo sombrero, de modo que uno de ellos pasó un plato y la gente iba poniendo dinero en él. Debieron de recolectar mucho, ya que hubo bastante como para que mucha gente se acercara a la mesa y se tomaran una bebida y una galleta gratis. Después el hombre volvió de nuevo tras la mesa y, repentinamente, reapareció con el sombrero puesto. Sonrió y abrió los brazos a todo el mundo, obviamente muy contento de haberlo encontrado, pero olvidó devolver el dinero“.

e. “Si nos atiborramos de grasientas hamburguesas cinco veces al día y luego vamos al gimnasio una vez a la semana, probablemente le veremos poca utilidad al ejercicio físico. No tendría ningún sentido dentro de una vida que apunta en otra dirección. Ir a la Eucaristía no es como ir a ver una película. Podemos pasar de la calle al cine y quedarnos cautivados por el drama que vemos en la pantalla. Nos quedamos enganchados en una historia que comienza y acaba en un par de horas. Pero la Eucaristía es el drama de la totalidad de la propia vida, de la cuna a la tumba, y más allá. La Eucaristía remodela nuestro corazón y nuestra mente como personas cuya felicidad reside en Dios. El gran benedictino Dom Gregory Dix hablaba del homo eucharisticus, el hombre eucarístico, una nueva forma de ser humano” (Carlos del Valle, sj)

f. “La acción litúrgica habla más del misterio con gestos, ritos, símbolos y acciones, que con palabras. El misterio se experimenta más en el silencio de la celebración que en la abundancia de discursos…La actitud más saludable ante él no es la curiosidad, ni la pretensión de conocimiento posesivo, ni la multiplicación de palabras para traducirlo a nuestra experiencia. Engendra una postura de acogida y entrega a su acontecer. Pide un silencio contemplativo, que interroga. La celebración ha de contar con momentos de silencio que faciliten esta experiencia del misterio, evitando una abundancia excesiva de cantos, de introducciones y comentarios, de palabras, de ruido” (J.B. Libanio)

g. Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro Casaldáliga)

h. Por último, para quien desee tener un rato tranquilo de oración sobre el sentido del banquete: goo.gl/B6E1MM

La Palabra habita entre nosotras y nosotros

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Mediante fotos compartirnos momentos y situaciones vitales intensas de nuestra vida y los textos de la Biblia con los que los asociamos, que nos han guiado o nos han servido como referencia en esas circunstancias. Con este trabajo de recopilación vamos estrechando el cerco a la espiritualidad con la que nos identificamos. Esperamos que este aporte sea provechoso para el resto de hermanas y hermanos de la fraternidad.

Un abrazo, 

Comunidad Ruah. Fraternidad de Itaka

Jesús, contigo +. Papiro 236

Acabamos de terminar el Año Jubilar Calasancio. Ha sido una gran oportunidad para agradecer el regalo recibido a través de Calasanz y de las Escuelas Pías, y para renovar nuestro compromiso con él.

Al comenzar este año el Papa Francisco nos invitaba a vivir un “Pentecostés de los escolapios”. Pentecostés supone descubrir la presencia de Dios vivo entre nosotros/as, reforzar y ampliar nuestra comunión, y reavivar nuestro empeño en la misión.

El lema de este curso quiere continuar lo vivido en el Año Jubilar y recoger la propuesta del Papa Francisco: “Contigo + /Zurekin+”. Este lema nos habla de relación, de relación personal, de relación personal que hace crecer, que ayuda a avanzar, a vivir, a producir fruto. Este lema, en una de sus posibles lecturas, es una invitación a descubrir que con Dios nuestra vida es más plena, más dichosa, más humana. Son muchos los caminos y medios con los que nos encontramos con Dios. Uno de ellos, imprescindible, la oración. A ella dedicamos este número de Papiro.

La oración es un arte que debemos aprender, y como educadores/as también enseñar. Son muchas las referencias que nos pueden ayudar en esta tarea.

Conviene tener “a mano” el “Manual de Pastoral” de nuestra provincia de Emaús. En él encontramos pistas y referencias de gran interés. Son muchos también los materiales disponibles sobre la oración y sobre la educación en la misma:

En este Papiro 236 presentamos algunas reflexiones y sobre todo experiencias de oración: experiencias personales y comunitarias, de hermanos/as de la fraternidad escolapia, del catecumenado, de nuestros equipos ministeriales y de comunidades con encomienda.

¡Muchas gracias a todos/as los que con humildad y valentía compartís vuestro trabajo y vuestra experiencia de oración para enriquecer la nuestra!

Descarga el Papiro 236: 236-Contigo